Esta es mi primer entrada, y este es el tercer intento de mi parte para plasmar los sucesos de los años más agitados pero tan enriquecedores en mi vida.
Escabrosos y perplejos eran los terrenos en que podía sentarse el suelo fértil como guía de mis pericias. Yo con una ilusa e inquieta alma esperando conocer más allá de la muralla donde descansaba. Tardes de estar convencido que en la frecuencia de La en 440Hz sanaría mis dudas y noches enteras esperando que la proyección astral me lleve hasta las respuestas más profundas de mi ser.
Antes de quedar varado en los confines del mundo terreno y los límites de los sueños y el inconsciente, era muy frecuente que vagara entre los libros y enciclopedias buscando respuestas. Recuerdo que en la preparatoria teníamos una clase llamada Literatura, yo recordaba que había escuchado esa palabra en las clases de español de la secundaria, pero no recordaba que significara algo en particular, más allá de tener algo que ver con los libros. En esa clase el profesor nos hacía comenzar saltando todos los protocolos iniciales, nos pedía que nos sentáramos al instante; y si notaba alguna anomalía que capte su atención, solía reprender a los alumnos lanzando palabras desconocidas y sofisticadas como plumas que caían suavemente sobre los rostros perplejos de los jóvenes.
En realidad no pensaba algo en particular del maestro al principio. Pensaba que era un viejito que usaba palabras de viejito y nada más, no prestaba mucha atención a su clase tampoco.